El AT dice que nosotros nacemos con un “yo niño” que básicamente está centrado en el placer, su búsqueda es el placer, aunque cuando tiene necesidades no satisfechas cae en el displacer. Todas las cosas que hace un niño las hace por placer. Sin embargo cuando va creciendo empiezan las prohibiciones, los NO y empieza el control de la conducta espontánea, se va formando otro estado que es el “Yo padre” aquí se van acumulando los debería y el necesario respeto por las normas sociales. Aquí empieza una lucha entre lo que quiero y lo que debería, el “yo niño” y el “yo padre” se enfrentan en un antagonismo difícil de compaginar. En ese proceso surge un mediador, que nace de la madurez, de la comprensión y del respeto a si mismo y al otro, ese es el “Yo adulto”. Así, el “yo niño” quiere, el “yo padre” prohíbe y el “yo adulto” media entre ambos.
¿Que sucede en todo esto? Lo que esta detrás de la motivación es la satisfacción de las necesidades, necesitamos comer, dormir, evacuar y necesitamos ser queridos, necesitamos ser aceptados. Por eso buscamos la adaptación, el pliegue a la norma, por ello para ser aceptados, sobretodo por nuestros padres, empezamos a actuar en función de lo que esperan los demás y no por lo que necesitamos nosotros mismos y allí llega el triunfo del Yo padre, nuestra adaptación se convierte en más importante que nuestra satisfacción y renunciamos al placer, sacrificamos nuestras necesidades y nos desconectamos de nuestro ser esencial. Actuamos automatizados sin conectarnos y matamos al yo niño, allí el reírnos nos parece inadecuado, el estar feliz nos parece inmaduro y vamos poco a poco amargando nuestra existencia, allí pueden también venir enfermedades, insatisfacciones y empezamos a buscar necesidades suntuarias que no son del ser sino de la apariencia, no actuamos por lo que queremos sino por lo que los demás admiran. El yo niño sigue allí pero sometido, minimizado, descalificado en la tiniebla del inconciente, engavetado ¡pero actúa!, desde el resentimiento, la envidia, el chisme, la toxina, así muchas frustraciones del yo niño actúan generando maldad.
VOLVER A LA ESENCIA
Volver a la esencia es rescatar el yo niño, que disfrutemos el placer de vivir, de reír, la risa se convirtió en una terapia muy económica y la esencia del yo es volver a la satisfacción del yo niño, pero con las normas y el respeto al otro del yo adulto y la madurez y capacidad de esperar y postergar del yo adulto, esa es la integración del ser humano. Por eso despierta tu yo niño con limites, se feliz con madurez, rescata tu esencia. |