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Cómo hacerse rico y luego caer en desgracia
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Énder Arenas Barrios

Una noche de hace tres semanas soñé que me hacía rico de la noche a la mañana. ¡Qué vaina tan buena! En el sueño aparecía una catira como la de la Regional, pero a diferencia de la cuña, aquí, venía meneánditose de frente, me pasaba las manos por la cabeza y me decía: papi, cuándo vuelves, y yo chorreado balbuceaba: mi cielo, si yo no me ido.

Al despertar, me cuidé de hacerlo después de haber cumplido, me puse a llorar como un muchacho como si se me hubiera muerto un ser querido (y juro que ella ya lo era) y cuando logré salir a la calle con los ojos hinchados de tanto gimotear me asombré de lo alto que estaba el sol y me dije: esta noche me acuesto temprano.

Y así fue, esa noche me acosté a las 6.00 de la tarde y me puse mis mejores interiores para no decepcionar a la catira, hice mis abluciones y no faltaron las gárgaras con Listerine.

El sueño iba de lo mejor: esta vez decidí comenzar antes de que apareciera mi catira: Me inscribí en el partido de gobierno, me hice amigo de altos funcionarios y socio de otros funcionarios más altos, que además formaban parte de la familia. Y di el gran salto. Me hice de muchos negocios: bancos, transportes, fábricas, y compré, compré y volví a comprar todo lo que pude, me harté, pero seguí comprando.

Ya estaba preparado para la aparición de la catira. Pero, carajo, mis sueños suelen tener un vuelo corto, sobre todo cuando estoy a punto de ser feliz, y todo se vino abajo.

En el sueño, llegó el día en que tropecé con otros que también estaban soñando dentro de mi sueño que se hacían millonarios, éstos también eran socios de la familia, así que también compraron, compraron y compraron. Eran muy poderosos y se antojaban de comprar lo mismo que yo deseaba comprar.

En el sueño me agitaba porque no deseaba que ellos también desearan comprar a mi catira. Yo estaba desesperado. Por la televisión el jefe de la familia le puso precio a mi cabeza e inauguró una nueva misión: "Arenas, vas preso".
Yo quería despertar, pero no podía. Ahora estaba en una celda y los guardias me mamaban gallo y se reían diciéndome: creías que la vaina era fácil. Quiero despertar y no puedo. Veo a la catira contoneándose con uno de ellos, quiero gritar, quiero despertar y al fin lo logro. Qué alivio, estoy libre. Me levanto, voy a tomar agua y cuando miro hacia la almohada encuentro un sobre cerrado: es una citación a un tribunal.

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