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Si de ofensas se tratara
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Fernando Luis Egaña

A Guillermo Zuloaga, presidente de Globovisión, le han abierto juicio por el presunto delito de "ofender al presidente de la República" a través de un recuento histórico sobre el 11-A en la última reunión de la SIP. Con esa tijera no quedaría tela que cortar, entre otras razones, porque la sensible epidermis del "ofendido" sería pretexto para encausar a cualquiera de los innumerables críticos del régimen.

Las llamadas "leyes de desacato", o las normas penales que establecen una protección especial a la reputación de las autoridades públicas, se han convertido en una reliquia del derecho penal en América Latina, y ello porque configuran una odiosa discriminación en favor de los ciudadanos con poder estatal. Han desaparecido de los códigos en casi todos los países de la región, salvo en Venezuela donde por el contrario se han venido reforzando.

Y llama la atención que el oficialismo esgrima la excusa de la "ofensa" para encanar a sus adversarios políticos, cuando es notorio el uso y abuso de las ofensas personales más extremas hacia sus oponentes, a modo de expediente diario desde las principales tribunas mediáticas del Estado, comenzando por programas de televisión e incluyendo a buena parte de las interminables peroratas del jefe de la "revolución bolivarista".

Es de reconocimiento general que el clima de la opinión pública lo condiciona, en primer lugar, la retórica del jefe del Estado y de sus voceros. De allí que el abajamiento de la calidad del debate venezolano sea una consecuencia natural de la violenta verborrea de los jerarcas oficiales. Lo que queda en evidencia por la medianía discursiva de muchos parlamentarios, ministros y magistrados, y de no pocos dirigentes opositores que intentan imitarles. Y también por la "calidad argumental" de aquellos internautas anónimos que se han vuelto profesionales del vituperio.

Volviendo al señor Chávez, ya en la campaña electoral de 1998, el entonces candidato recibió reprimendas de su asesor José Vicente Rangel en razón de sus "excesos verbales". Y en estos 11 largos años en la presidencia se ha empecinado en desbaratar todas las limitaciones de la cordura, erigiéndose en el más ruidoso insultador de la comarca, tanto nacional como foránea. En la jerga del señor Chávez, opositor es apátrida, disidente es traidor, contendiente es terrorista, y crítico es peón del imperio, para tan sólo utilizar los calificativos publicables. Si alguien se ha caracterizado y, peor aún, ufanado de ofender a diestra y siniestra, por los lados de Miraflores fumea...

Así que si de ofender se tratara, si de violentar la Constitución se tratara mediante la propaganda de guerra, los mensajes discriminatorios entre venezolanos, o la promoción de la intolerancia religiosa --todas éstas excepciones de la libertad de expresión en Venezuela, si de injuriar e irrespetar se tratara, ya sabemos quién debería llevarse el campeonato del ofensor insuperado. Sí, el mismo que amenaza con cárcel dizque por sentirse picado de ofensa.

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