Las clases escolares terminaron, lo que queda son los últimos retoques de los graduandos y los reparadores pero ya todos tenemos la cabeza en el próximo año escolar. Actualmente tenemos la tranquilidad que los muchachos pasaron o van a pasar por aquello de los recuperativos, lo que no tenemos para nada es la seguridad que aprendieron, eso si no lo podemos asegurar, ya que el modelo académico educativo se ha vuelto permisivo y tolerante y mucho menos persecutorio. Eso es bueno quizá para la salud mental del estudiante pero tal vez no para la salud cerebral ya que los mismos conocen muy poco la palabra esfuerzo.
Por todo ello nos queda a los educadores tomar cartas en el asunto por la vía del aprendizaje significativo y así con programas culturales, teatrales, gastronómicos, musicales, vocales, ecológicos, expedicionarios y deportivos garantizamos que los muchachos pasen por los contenidos de historia, artística, física, química, geografía aprendiendo del hecho vivo y directo buscando captar su atención de manera total. Por ello los colegios tienen que garantizar que sus muchachos salgan a paseos a la montaña, playa, ríos pero con una visión científica y biologicista del asunto aprendiendo de algas, ecosistemas, flora y fauna. Nuestras Trincheras carabobeñas son un espacio ideal para el estudio de las ciencias de la tierra. Todo esto hace que los muchachos se interesen y sobretodo podamos resolver el problema más difícil que tiene cualquier docente en un aula de clases: “captar la atención de sus alumnos”.
Esta mención de la atención merece algo de dedicación ya que en los vientres de madres desde los años 90 para acá han crecido niños más estimulados, más activos, más despiertos y por ende, más inteligentes; por ello nuestra labor titánica es captar su atención ya que como dice mi amigo Cheo Mata: si no atiendes no entiendes y si no entiendes no aprendes.
El aprendizaje a veces no ocurre por falta de atención pero también a veces no ocurre por falta de integración, aceptación y vinculación del niño, es decir, por causas del grupo, por causas sociales.
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En ocasiones me he preguntado si la crueldad y el rechazo forman parte de la evolución a los 10 años porque en los colegios y en mi consulta he visto a muchachos con lesiones graves en su autoestima por causa del rechazo del grupo, pero incluso hay maestros que sin darse cuenta también etiquetan, marginan y castran a niños en su proceso de aprendizaje. Por eso surgió lo del efecto “Zo-So”.
Mi hijo venía de entrar en su escuela el año anterior y fue recibido en el tercer nivel como un niño inquieto sin normas, inteligente pero muy descentrado yendo a psicólogos por la falta de límites e intranquilidad, siendo una gran preocupación para nosotros como padres, diagnosticado quizá como un DEFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD. Fue recibido por sus maestras Zoraida la titular y Sofía la Auxiliar empezó el año escolar muy tranquilo sin ninguna queja ni citación para nosotros, sorprendidos seguíamos esperando, hasta que un día llegó la fatídica cita, tenemos que ir al colegio, ¿qué habrá hecho?, cuando fuimos caímos redondos ya que la cita era para mostrarnos los grandes avances que en escritura y lectura tenía nuestro hijo además que hacían mucho énfasis en lo especialísimo que era en la expresión de sus afectos, pues sí, nos citaron para hablar bien de él y allí empezó una gran metamorfosis guiada por el amor de las maestras, incluso en ocasiones cuando iba a buscar a mi hijo veía cómo su auxiliar Sofía resolvía los conflictos de sus alumnos, con claves emocionales y comunicacionales importantes como mirarlos a los ojos, escucharlos y ponerse al mismo nivel para quedar frente a frente. Lo de mi hijo fue asombroso llegaba con caritas felices y en una ocasión llegó con un número 1 gigante pegado en su franela, su cara, su actitud, su disposición y por ende su capacidad de asimilación del aprendizaje era otra. Pues, si sentirse aceptado, amado y valorado estimula la inteligencia, el amor fija el aprendizaje. Sofía y Zoraida hacían un complemento perfecto ya que Zoraida estructuraba el hemisferio izquierdo con enseñanzas, números, orden y Sofía lo hacía más con hemisferio derecho desde el afecto, la cercanía y la expresión de cariño, ambas hacían las dos cosas pero había una tendencia, a mi hijo le fue genial, le cambiaron su bioquímica cerebral y ellas ni se dieron cuenta de lo que hacían.
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Por mi parte yo empecé a teorizar sobre lo ocurrido y encontré que las maestras tienen que aprender sobre manejo de conflictos, los muchachos están interactuando y en esa interacción van a aprender para el resto de su vida, por la presencia de las neuronas espejo, por ello de manera pronta hay que combatir situaciones de rechazo, discriminación y descalificación. Sin embargo vemos que hay niños que son mucho más sensibles al rechazo, por eso estudiamos que hay que desarrollar las competencias socio emocionales, que aprendan a valorarse y confiar en sus habilidades, que desarrollen esa capacidad de interacción, hacer amigos es quizá el hecho más importante que ocurre en la escuela, porque sino todos estudiáramos por correo, con Internet y Discovery Channel, además las maestras tienen que aprender sobre programación neurolingüística y el poder de la palabra en esa programación. Deben aprender a dar caricias positivas ya que no saben darlas y eso ayuda definitivamente al aprendizaje y a fijar huellas mnémicas o si no díganme ustedes si no aprendieron más de los maestros que más querían.
Finalmente quiero que me ayuden en una campaña en los colegios donde tengan un peso muchísimo mayor el proyecto emocional; que padres, alumnos y maestros trabajen juntos para ello, que dicho proyecto esté a la par del proyecto académico y, por su puesto, tengo un gran agradecimiento a las maestras que potenciaron la inteligencia de mi hijo a través del amor.
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