Ejemplos sobran veamos uno. En un banco local, de una firma muy conocida, existían varios cajeros, pero uno tenia algo especial. Estaba vestido formalmente y con corbata. A diferencia de sus cinco compañeros, aunque usaban corbata trabajaban en mangas de camisa, éste tenía apariencia de un ejecutivo.
Un año después este muchacho había sido ascendido, tenía su propio escritorio y allí tenía solicitudes de préstamo. Dos años después pasó a ser funcionario del departamento de préstamo y más tarde fue nombrado gerente de la sucursal. Cuando le preguntaron cómo había alcanzado avanzar tanto en su carrera, éste respondió: Siempre había sabido que llegaría a ser gerente de una sucursal por lo que analizó la forma cómo se vestían los gerentes y comenzó a vestirse igual. Estudió el trato que los gerentes daban a sus clientes y comenzó a tratar a todos en la misma forma. Comenzó a actuar como si ya fuera gerente de la sucursal mucho antes de llegar a serlo.
Hágalo…
Lo que pensemos, lo que sepamos o lo que creamos es, en último término, poco importante. Lo único que importa es lo que hagamos.
El mundo no nos paga por lo que sepamos; nos paga por lo que hagamos. Un axioma del éxito que nunca pierde validez es que: “El universo recompensa la acción”. Sin embargo, a pesar de ser algo tan sencillo y cierto, es sorprendente el número de personas que se pierde en el proceso de analizar, planificar y organizar, cuando todo lo que hay que hacer es actuar.
Al hacer las cosas, se desencadenan toda clase de efectos que inevitablemente conducen al éxito. Demostramos a todos los que nos rodean que nuestras intenciones son en serio las personas se interesan y comienza a prestar más atención. Otras personas con metas similares se nos unen. A través de la experiencia, comenzamos a aprender cosas que no se aprenden escuchando a los demás ni leyendo muchos libros. Empezamos a recibir retroalimentación de cómo hacer las cosas mejor, con más eficiencia y en menos tiempo. Lo que antes parecía confuso empieza a ser más claro. Lo que parecía difícil se hace más fácil. Empezamos a atraer a otros que respaldan y alientan nuestro esfuerzo. Una vez que nos dedicamos a actuar nos empiezan a ocurrir toda una serie de cosas buenas. Parece muy sencillo, y realmente lo es. Sólo hace falta hacer.
Para demostrar el poder del actuar, me voy a apoyar en un ejemplo que Jack Canfield utiliza en sus conferencia. Él saca un billete de 100$ y pregunta: ¿Quién quiere este billete? Invariablemente, casi todo el auditorio levanta la mano. Algunos agitan sus manos vigorosamente, otros llegan hasta gritar. Él se queda tranquilo, sosteniendo el billete, sin decir una palabra, hasta que alguien entiende el mensaje. Entonces, un participante se levanta, sale corriendo y le quita el billete de la mano.
Cuando esa persona vuelve a su puesto, con 100$ en su mano, Jack pregunta al auditorio: “¿Qué hizo esta persona que nadie más hizo? Se paró y actuó. Hizo lo que hay que hacer para obtener cualquier cosa que se desea. Es exactamente lo que deben hacer si quieren tener éxito en la vida. Hay que actuar, y en algunos casos entre más pronto mejor”.
Luego preguntó: “¿Cuántos pensaron en pararse y venir a tomar el billete pero no se decidieron?” Luego les pidió que recordaran qué pensaron, qué les impidió ponerse de pie. Las respuestas fueron las siguientes:
“No quería parecer tan ansioso por tenerlo”.
“No estaba seguro de que realmente me lo fuera a dar”.
“Estaba muy atrás en el salón”,
“Otros lo necesitan más que yo”,
“No quería parecer ambicioso”,
“Me dio miedo hacer algo mal y que me criticaran o se burlaran de mi”,
“Esperaba más instrucciones”.
“Luego les digo que cualquier cosa que los haya detenido es lo que siempre hacen y lo que los detiene en sus vidas”.
Hay una verdad universal y es que “la forma como haga algo es como lo hará todo”. Si es cauteloso aquí, probablemente será cauteloso en cualquier parte. Si se reprime por temor a que lo consideren tonto, probablemente se reprime por ese mismo temor en todas partes. Debe identificar esos patrones y superarlos. Es hora de dejar de reprimirse e ir en busca de su oro.
"Si el barco que le trae su oportunidad no llega, salga nadando a encontrarlo"
(Jonathan Winter)
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